Historias

Quienes la amaron cuentan quién fue Becky. Cada rostro, una huella.

Fotografía de Rebeca Vota

Rebeca Vota «Julietita»

Mamá

Mi Querida Niña Hermosa,

No hay día que no piense en ti, me dejaste un dolor enorme en mi corazón, que ni idea tenia se podía sentir. Confieso que le he reclamado a Dios el ¿Por qué?, lo admito, pero también le agradezco el haberte tenido y haberme dado la dicha de ser tu mamá, y de haber compartido los años que tuvimos.

Anécdotas a montones, risas compartidas, secretos de mama e hija, y tantos sueños por cumplir que quedaron solo en buenas intenciones.

No comprendo ni entiendo porque Dios te llamo a su lado tan pronto, aun hablábamos de un tiempo futuro, pero quiero creer que necesitaba una bella perla como tu a su lado, y cuando digo bella no me refiero a tu físico, sino a tu sonrisa que iluminaba el lugar donde estuvieras, el brillo de tus ojos, tu elegancia y porte, del enorme corazón de oro que tenías, siempre preocupada por los demás, tu familia, tu hijo, tu hermano, tu marido, tus sobrinos, y los anteponías ante cualquier cosa, con esa intensidad que siempre te caracterizo.

Desde pequeña independiente, voluntariosa y nada te detenía cuando se te ocurría que querías lograr algo, no aceptabas un no, sin antes intentarlo. Tan valiente y temeraria, subiéndote a la azotea con tu hermano y sus amigos, trepando bardas y árboles y viendo películas de miedo sola porque nadie te quería acompañar. Te sentabas en la orilla de la cama, tus pequeñas piernas no alcanzaban el piso y tan atenta que no se te podía ni hablar. Después al paso de los años llegaron Johann y Axel y podías contar con ellos para que te acompañaran a verlas. Hasta se reían de ellas, hasta hoy no entiendo el porqué.

Eras muy inteligente, prueba de ello tus 2 carreras, organizada y responsable y muy comprometida con tu trabajo. Cuidabas a tus enfermos con compasión y dignidad y les ofrecías esperanza en durante sus momentos difíciles. Yo un día te pregunte el ¿por qué? Y me dijiste; “Si yo llego a estar en su lugar, quiero que así me traten.” Y nunca pensé llegar a verlo.

Fuiste alguien especial en este mundo, que dejo una huella enorme y lo vimos el día que acudió tanta gente a presentar sus respetos. El adiós a una guerrera, que yo se odiabas esa palabra, pero como se le dice a esa persona que, aunque tuviera un gran dolor y tantas dificultades de salud, siempre decías “estoy bien” y seguías adelante, fuerte y valiente hasta el final, con tal de no preocuparnos.

Siempre contaste con mi admiración y mi apoyo incondicional, y te extraño tanto tus “Ay mamá”, tu risa, tus ocurrencias tus “Cuanto te tardas mamá”, tu música, tus mensajes, tus llamadas, tu “hasta mañana y que sueñe con los angelitos”, los sábados de chicas, el ir de compras, todo absolutamente todo extraño. Ha sido muy difícil aprender a vivir sin ti.

Donde quiera que estes quiero que sepas que tu amor y cariño siguen muy presentes en nuestras vidas.. Y que en mi corazón siempre estarás presente no importa cuanto tiempo pase, te querré hasta mi ultimo aliento, te extraño más allá de las palabras.

Love you to the moon and back.

Mamá

Fotografía de Iván

Iván «El adoptado»

hermano

No estoy listo todavía para escribir todo lo que fuiste y todo lo que representaste para mí.

Te quise siempre —bueno, desde como la semana en que llegaste a este plano existencial—, pero te querré para siempre. Te admiré. Estaba profundamente orgulloso de ser tu hermano.

Mi Facebook está repleto de escritos para ti que solo puedo ver yo. He aquí un pedacito:

"Hasta la fecha intento no abrir la galería, ni ese chat de más de quinientos mensajes que recorro al azar cuando me atrevo. Unos duelen más que otros. Lloro, me enojo y, a veces, río mientras lloro."

Como escribió Lord Byron: «El recuerdo de la felicidad de las fiestas familiares ya no es felicidad».

TQM, hermanita.

P.D. ¿Sabes qué es lo realmente curioso de esa foto? Ese día, platicando, estabas segura de que morirías después de cumplir los 42, porque sabías que tenías lupus. Al final fue otra cosa espantosa la que te arrebató la vida. La foto es del 2022.

Fotografía de Axel Gallardo

Axel Gallardo «Axelín»

Sobrino/Sobrino preferido

Creo que tenía unos cinco o seis años cuando vi mi primera película de terror. No recuerdo cuál era, de qué trataba o siquiera si realmente daba miedo, pero recuerdo la impresión que me dejó. Duré años viendo tu cuarto como un lugar donde el horror y las cosas malas pasaban, donde no debía acercarme y al que, cuando me llamabas, asistía con las piernas temblorosas, buscando huir lo más pronto posible. Porque, ¿qué clase de loca le pone películas de terror a su sobrino de seis años?

Tu cuarto tenía un cierto ademán de misterio. Decías que podías ver fantasmas y trabajabas en un hospital de noche; ¿qué acercamiento más oscuro y paranormal podía tener alguna persona? Y, sin embargo, por mucho miedo que tenía, jamás me diste razones para sentirme inseguro.

En ese mismo cuarto descubrí caricaturas que mis papás ni de broma me iban a dejar ver: South Park, Happy Tree Friends, La casa de los dibujos. Tu cuarto y tu presencia eran una invitación a algo más allá de lo seguro, un lugar donde podía conocer y aprender de lo prohibido.

Con el tiempo seguí creciendo. No sé si viste en mí a alguien en quien podías confiar, alguien a quien querías, pero comenzaste a invitarme cada vez más: al cine, al gimnasio, a comer y a cientos de lugares. Decías que era tu esclavo, pero pagabas cada cosa que hacía de manera injusta. Un favor mío lo pagabas con una ida al cine, un mes de gimnasio o una membresía de Spotify, cosas que, por mucho que te insistiera, jamás dejabas que pagara. Y cuando rechazaba que me regalaras algo, te negabas tan abruptamente… Era muy difícil discutir contigo. A día de hoy no recuerdo haberte visto perder una pelea.

Seguí creciendo y te vi enfermar. Y por fin logré ver tu miedo. Y, aun así, por mucho que tenías, seguías adelante. Un miedo que a mí me paralizaba, para ti era un día más. Tantos cuentos de fantasmas, tantas películas de asesinos, tanto dolor… y, aun así, día tras día, te veía levantarte y decir que no pasaba nada, verte seguir luchando.

No sé en qué momento te convertiste en una inspiración para mí, pero lo hiciste tan poco a poco que no lo supe ver hasta que te fuiste.

Jamás te voy a olvidar. Eres la persona más valiente que he conocido. La persona que me enseñó a dejar de tenerle miedo a los fantasmas. La persona que me mostró otra faceta mía, alguien que me ayudó a conocerme. Gracias a ti soy quien soy el día de hoy.

Ahora, cada ida al cine, cada vez que pruebe unos nachos con queso barato o vea una película mala de terror, sé que estarás ahí. También estarás cada vez que vaya al gimnasio, cada vez que escuche música rock y cada vez que esté en casa de la abuela. Me ayudaste muchas veces a vencer mis miedos; el problema es que ahora no sé cómo enfrentar la próxima cena familiar en la que no estés.

Te voy a querer para siempre, Becky.

Espero que descanses en paz.

Te veo pronto.

Fotografía de Claudia

Claudia

La prima consentida

Becky:

Qué difícil es aceptar que te fuiste. Dicen que Dios llama a sus mejores guerreros, y eso fuiste tú. Me dejaste una lección de vida de gran fortaleza, no solo durante tu enfermedad, sino a lo largo de toda tu vida. La manera en que enfrentabas cada reto me hacía admirarte profundamente. Hoy doy gracias a Dios por haber compartido contigo tantas experiencias y por haberme permitido tenerte en mi vida.

Creo que desde que éramos pequeñas algo nos unió. Aunque nos llevábamos diez años de diferencia, eso nunca fue un impedimento para convertirnos en cómplices y confidentes. Recuerdo tanto cómo te gustaba llegar a jugar con mis Barbies; aunque a mí nunca me ha gustado prestar mis cosas, tú eras la única excepción. Creo que, con el tiempo, terminé regalándotelas.

Siempre renegué por haber regresado a Parral después de salir a estudiar, pero hoy agradezco tanto ese regreso, porque me dio la oportunidad de compartir contigo y hacer las cosas que hacen las hermanas. Porque así te consideraba: una hermana con la que compartía locuras. Empezamos a hacer lo que ahora llaman senderismo y fuiste mi sisgym durante todos los años que estuve allá.

Me enseñaste a valorar tu profesión. Todas las tardes, de camino al gimnasio, me platicabas lo que pasaba en tu trabajo: algunas historias eran tan cómicas que no parábamos de reír; otras eran insólitas, y algunas más, muy desagradables. Pero tú siempre lo veías todo como parte de la vida. Así quisiera yo tomar tu partida, como algo natural de la existencia, pero es muy duro. Todos los días tengo que pasar por la UMA y, cuando me siento frustrada, recuerdo lo fuerte que fuiste y lo complicado de tu enfermedad; entonces se me quitan las ganas de quejarme de nada.

Te agradezco tanto las locuras que hicimos juntas. Como aquella "operación venganza" jajajajaja, donde andábamos disfrazadas de negro y con cachucha en mi carro por la ciudad, jurando que nadie nos iba a reconocer. O cuando nos comprábamos pastillas naturales para "adelgazar", que en una de esas terminé en el hospital por deshidratación... ¡después nos reíamos tanto de eso! También me acuerdo de nuestras pláticas, cuando nos burlábamos de que en la familia nos consideraban las más "geniosas", lo que hacía que nos identificáramos aún más. Aunque claro, tú nos bautizaste como "las más bonitas", incluyendo a tu mamá (que ella no entraba en el club de las geniosas).

Nunca he sido buena para expresar mis sentimientos y no sé cómo ordenar todo lo que llevo dentro, pero me alegra tanto haberte dicho en vida que te quiero mucho. Me reconforta haber estado ahí para apoyarte en los momentos en que creía que lo necesitabas, aunque tú jamás te quejaste de nada, por muy mal que la estuvieras pasando. Fuiste un ejemplo inquebrantable de fortaleza. Asimismo, te agradezco tu apoyo en mis momentos malos, que fueron muchos, y en los que nunca me dejaste sola, Te agradezco que durante esa enfermedad rara que tuve, estuviste inyectándome un año completo cada 21 días, siempre dispuesta a ayudarme.

Agradezco que me hayas dejado cuidarte un poquito en tu enfermedad. Si hubiera estado en mis manos, te habría llevado al fin del mundo con tal de que recuperaras la salud; era mi único anhelo.

Dejaste una huella en cada persona que tuvo la dicha de conocerte, y en mí, esa huella es gigante. Ha sido muy difícil aceptar tu partida; a veces evito pensar en que ya no estás. El día que te llevé al aeropuerto para que te internaras y recibir tu trasplante, te abracé con la total certeza de que iría a recogerte a tu vuelta. Ya había planeado comprarte flores y globos para celebrar tu llegada. En vez de eso, tuve que ir a Monterrey para acompañarte en tu regreso a Parral, pero con un dolor inmenso en el alma.

¿Por qué te fuiste? Si yo hubiera sabido que ese sería el último, ese abrazo se hubiera prolongado por mucho más tiempo.

Te extraño y te querré siempre hermana de vida.

Fotografía de Luis
Fotografía de Luis

Luis

Primo

Hay tantos recuerdos hermosos contigo, Becky. Desde que eras esa niña rechonchita y cachetona que llegaba a casa de mis papás directo al clóset de mis hermanas a sacar las muñecas. Jamás olvidaré aquella Navidad en la que te regalaron tu primer reloj y no parabas de interrumpir la plática para avisarnos: "¡Son las 11:15!", y a los cinco minutos otra vez... "¡Son las...!".

De niños estaba seguro de que serías veterinaria, porque te la pasabas "salvando" vaquitas, bichos y cuanto animalito te encontrabas. Al final, ese deseo de ayudar nunca te dejó: encontraste tu vocación como enfermera y sé que lo hiciste con el corazón entero. Además, siempre fuiste la consentida de Mamá Caro, y sé perfectamente que ella te acompañó y cuidó a lo largo de toda tu vida.

Te convertiste en una mujer inteligente, de carácter fuerte pero dulce a la vez, hermosa por dentro y por fuera. Iluminabas el cuarto con solo llegar. Y aunque seguías interrumpiendo las conversaciones, de grande lo hacías con ese humor sarcástico y genial, siempre en complicidad con Iván para darle carrilla a tu mamá.

Enfrentaste tu enfermedad con una valentía y entereza admirables. Sé que hubo miedo e incertidumbre, pero jamás te escuché doblegarte. Incluso en los momentos más difíciles, siempre encontrabas el ánimo para sonreír y seguir adelante.

Gracias por existir, Becky. Gracias por tu calidez, por los abrazos sinceros y por las risas cada vez que nos veíamos. Gracias por ser ese pedacito de luz inolvidable en nuestra familia. Te vamos a extrañar muchísimo.

Fotografía de Lupita Artega

Lupita Artega «La Tuza»

Comadre/Amiga

Hay personas que llegan a nuestra vida para acompañarnos un tiempo, y hay otras que se convierten en hogar, aunque el tiempo, la distancia y los años intenten demostrar lo contrario. Becky fue mi hogar en la amistad.

Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi. Mi primer pensamiento fue: ¿Por qué le importa tan poco lo que diga la gente?

Era tan blanca, tan hermosa, con esos ojos color miel que por momentos parecían verdes, pero lo más impresionante era la libertad con la que habitaba el mundo. Nunca le interesó agradar a los demás ni encajar en expectativas ajenas. Era auténtica, tranquila, dueña de sí misma.

Por el contrario, yo siempre fui la social, la participativa, la graciosa, la que hacía ruido, la que encontraba la manera de ser el centro de atención. Y, sin embargo, en su compañía nunca tuve que ser nada más que yo misma. Becky disfrutaba de mis ocurrencias y de mis locuras, y yo disfrutaba del regalo más grande que puede ofrecer una amistad: la libertad de existir sin máscaras.

Fuimos cómplices de innumerables aventuras, muchas de ellas patrocinadas amorosamente por la querida Teacher, esa mujer extraordinaria que en Parral todos conocemos por su entrega a sus hijos y a su vocación. Ella nos abrió las puertas de su casa y de su corazón, apoyando nuestras vagancias adolescentes y hasta convenciendo al hombre más duro y renegón que conocí en mi juventud: mi propio padre, para que me permitiera salir, dar la vuelta y vivir la vida que corresponde a una muchacha de esa edad.

Muy pronto, aquella dejó de ser solamente la familia de mi amiga y se convirtió también en mi familia.

Pasó nuestra etapa rebelde en la secundaria y llegamos a la preparatoria. Para entonces, Becky ya disfrutaba de mis espectáculos cotidianos. Me empujaba a ser la primera en aventarme a las locuras que, en el fondo, ella también quería vivir, aunque no siempre se atreviera a dar el primer paso. Y para eso estaba yo.

Fuimos muy sanas, pero tremendamente vagas.

Disfrutábamos la música, la comida, los postres, las conversaciones interminables y las carcajadas que parecían no terminar nunca, nos sosteníamos una a la otra. Y, Becky, jamás te voy a perdonar que me obligaras a ver películas de terror sabiendo perfectamente que la mitad del tiempo tenía los ojos cerrados. Pero, siendo honesta, lo importante nunca fueron las películas. Lo importante era tu compañía, las risas y esa sensación de que el mundo era un lugar sencillo y bueno cuando estábamos juntas.

La vida, como siempre, siguió avanzando.

Yo me fui a estudiar a Chihuahua y, estando lejos, recibí una de las llamadas que más temor me produjeron en aquella etapa de nuestra juventud: Becky estaba esperando un bebé.

Éramos muy jóvenes.

Pero ella hizo lo que hizo durante toda su vida: enfrentar lo que viniera con valentía, responsabilidad y amor. Nunca huyó. Nunca se escondió. Nunca permitió que el miedo definiera quién era.

Y cuando nació Johan, volvió a incluirme en uno de los momentos más importantes de su existencia al pedirme que fuera su madrina. Una vez más, me recordó que la amistad verdadera no entiende de distancias ni de tiempos, sino de presencia en los momentos que realmente importan.

Los años pasaron, las ciudades cambiaron y las vidas tomaron caminos distintos, pero siempre estuvimos conectadas de alguna manera.

Y hay algo que hoy me sigue pareciendo profundamente irónico y maravilloso.

Yo siempre fui la que aparentaba ser la fuerte. La atlética. La ruda. La que parecía poder con todo.

Pero la verdadera fortaleza siempre fue Becky.

Ella fue mi fortaleza mental y espiritual.

Cada problema que llegaba a mi vida terminaba con una palmada en la espalda y una de sus regañadas llenas de amor:

"¿Y no puedes?" "Ya sabes lo que tienes que hacer. Hazlo." "Levántate y sigue adelante."

"Eres mejor que eso." Así era ella..

No te permitía quedarte en el suelo. No alimentaba tus miedos. Te recordaba quién eras cuando tú misma lo habías olvidado.

Cuando supe de su enfermedad, debo confesar que me dio más miedo mi propia debilidad frente a ella que aquello que ella misma pudiera estar enfrentando. Porque incluso entonces, en medio de la incertidumbre, seguía siendo más fuerte, más valiente y luminosa que muchos de nosotros.

Hoy entiendo que algunas personas vienen a este mundo a enseñarnos cómo vivir con dignidad, cómo amar sin condiciones y cómo caminar con la frente en alto sin importar las circunstancias. Y Becky fue una de esas personas.

Gracias, amiga mía, por cada risa, por cada aventura, por cada regaño, por cada empujón hacia adelante cuando yo quería detenerme. Gracias por enseñarme que la autenticidad vale más que la aprobación de los demás. Gracias por demostrarme que la verdadera fortaleza no siempre hace ruido, que a veces tiene ojos color miel, una sonrisa tranquila y una inmensa capacidad para sostener a quienes ama.

Gracias por compartir conmigo tu familia, tus sueños y las etapas más importantes de tu vida.

Gracias por permitirme caminar a tu lado.

La muerte podrá llevarse la presencia física, pero jamás podrá borrar el amor, la gratitud y la huella inmensa que dejaste en quienes tuvimos el privilegio de conocerte.

Dicen que la amistad verdadera es aquella en la que, aunque pasen los años y la distancia, uno puede reencontrarse y seguir exactamente donde la conversación quedó pendiente.

Así fue siempre contigo.

Y así seguirá siendo.

Porque mientras exista alguien que recuerde tus ojos, tu valentía, tus regaños llenos de amor y tu manera única de habitar el mundo, seguirás aquí.

Te extrañaré toda la vida.

Pero, sobre todo, te agradeceré toda la vida.

Gracias por ser mi Becky.

Y gracias por enseñarme que ser fuerte no significa nunca caer, sino levantarse una y otra vez, con amor, con dignidad y con la certeza de que siempre hay que seguir adelante.

Hasta que nos volvamos a encontrar, amiga mía.

Foto por añadir

Edmundo De la Vega «Edmundo»

Compadre/Amigo

Como muchas cosas en la vida, la amistad acontece antes de que reflexionemos sobre ella. Muchos años antes de que la amistad llamara mi atención en el campo especulativo ya la había conocido en la experiencia existencial.

Becky fue la primera amiga que tuve cuando ni siquiera sabía lo que era la amistad: la primera con la que compartí locuras, aventuras, alegrías, expediciones, mascotas poco convencionales, aprendizaje, amor y respeto por la naturaleza.

Fue la primera amiga que me hizo entender que el cariño no se muere con la distancia, ni con el silencio, ni con el cambio de ruta. Con ella descubrí la elasticidad de la afectividad humana.

Después de compartir muchísimo en una infancia increíble, mientras compaginábamos el hacernos bilingües con excursiones que nos revelaban nuestro deseo de conquistar el mundo explorándolo, pasaron años y años sin vernos, sin hablarnos, sin contacto alguno -o al menos eso pareciera-. Mitad de la adolescencia sin saber nada el uno del otro.

Un día que yo no esperaba, caí en la misma escuela que ella -por segunda vez en nuestra vida- y no solamente en la misma escuela sino en el mismo mesa banco. Ya no éramos niños con ganas de explorar el río y cazar ratones de campo, ahora éramos adolescentes en plena guerra con el mundo que nos asfixiaba. Bastó una mirada y un saludo: ¡el afecto es elástico!

Becky fue la amiga que me quiso sin entenderme, que me abrazaba con su silencio, que me asoció a su maternidad aunque yo no estuviera a la altura de lo que me confiaba.

Becky me enseñó que el amor y la amistad son elásticos y no rígidos. Que todos pasamos por etapas; que pueden pasar años sin comunicación, para luego reencontrarnos y reconocer que hay realidades que superan nuestra percepción.

Pareciera que ya no tenemos nada que ver, ¡vaya sorpresa!: aquellos a los que queremos, los queremos siempre aún sin verlos, aunque no nos comuniquemos, nos pensamos, nos percibimos, en realidad nunca nos soltamos.

Becky, como todos los amigos verdaderos, me hizo reconocer -sin decirlo, sino viviéndolo- que Dios tiene la última palabra. Una palabra que supera mi entendimiento y me expone a la rabia pero que también me dispone a la paz. Dios tiene la última palabra y es una palabra de bendición, lo entendamos o no.

Becky es la amiga que me hace aspirar a la eternidad porque de nos quedaron muchísimas cosas pendientes; si no las vivimos o dijimos en el tiempo tendremos que hacerlo en la eternidad.

¡Gracias, Rebeca Elizabeth! ¡Gracias amiga!

Foto por añadir

Alan

Primo

Becky!:

Aún recuerdo nuestros veranos y vacaciones compartidos en tu casa y en la casa de tu tía favorita (mi mamá) en que brincábamos al compás de la canción de los tres cochinitos y de los caza fantasmas que poníamos en los discos de vinilo en el estéreo de mis papás, el juego de barba azul era toda una odisea nocturna que compartimos y disfrutamos muertos de la risa, ni se diga cuando jugamos a los espías en la sala, los momentos de alegría que vivimos tu, tu hermano y yo como la generación más reciente de nietos de nuestra amada abuela Caro será algo que siempre atesoraré en mi corazón por siempre y que volveremos a compartir cuando nos veamos de nuevo. Gracias por haberme recibido en tu casa en esos veranos en los que me integraba como uno más de su familia, yendo a la plazita y comprando coca cola en bolsa que para mi era lo mejor.

Todos somos aves de paso en este plano físico, pero hay personas que se quedan tatuadas en nuestro corazón y en nuestra mente por los recuerdos compartidos y por el amor que en este caso viene de los lazos de sangre y tu para mi eres una de ellas, gracias por ser y por estar, por todo y por tanto, por ser una tia amorosa sobre todo con Cristy jr, y por ser mi compañera de juegos y parte de mi vida.

Me despido con la seguridad de que nos volveremos a ver y a darnos ese abrazo entrañable que nos quedamos debiendo, reconozco que me falto más tiempo para compartir contigo pero me quedo con la tranquilidad y con la satisfacción de que lo que compartimos fue increíble e inolvidable.

Te amo, besos hasta el cielo.

Posdata: Dales un beso y un abrazo de mi parte a nuestros abuelos.

Foto por añadir

Cristina «Cristy»

Esposa de tu primo Alan

En memoria de Becky!!!

Pocas fueron las ocasiones en las que coincidí fisicamente con Becky, tanto antes como durante su enfermedad. Cuando ella viajaba a Chihuahua para asistir a cursos relacionados con su profesion se hospedaba en casa de mi suegra, su tia Carolina. En aquellos dias apenas nos cruzabamos de entrada por salida pues cada una con sus propios horarios y compromisos. Cuando me enteré de su enfermedad pude ser testigo, aunque fuera a la distancia del largo y díficil camino que tuvo que recorrer. Fueron inumerables los viajes a Chihuahua para recibir tratamientos intensos y agotadores y en los cuales demostraba una fortaleza admirable. Me enteré de situaciones bastante complicadas y en donde en todo momento recibió el amor y apoyo de su familia que en busca de soluciones...... entre ellas la de Dios Padre, inetntaban mejorar su salud.

Con el tiempo cuando llegó el momento del transplante, nuestro contacto se hizo mas cercano a traves de WatsApp. Intentaba escribirle diariamente para distraerla y hacer mas llevaderas las largas horas que pasaba sola en aquella habitación de hospital

Procuraba por las mañanas enviarle un audio con una cita de la Biblia y una reflexion especialmente dirigida a la mujer, que a mi tmb siempre me enviaba una amiga y me gustaba escuchar. Entre todas ellas hubo una que jamás olvidaré, si bien recuerdo se titulaba "los ojos con los que miras" .

Narraba la historia de un Rey que padecia una enfermedad en los ojos. Un curandero le propuso pintar de verde todo aquello que pudiera ver . Al darse cuenta que aquello era prácticamente imposible, alguien le sugirió una solución mucho mas sencilla:!" usar unos lentes verdes". Asi todo lo veria de ese color sin problema y no tendría dificultad en sanar.

La enseñanza era clara: muchas veces no podemos cambiar las circunstancias que vivimos pero si la manera en que las miramos. Nuestra perspectiva puede transformar la forma en que enfrentamos las pruebas.

Cuando Becky escuchó aquella reflexion me escribió y me dijo:

-. "¡ No manches Cristy ! Mi habitacion esta toda pintada de verde !!!!

Las dos lo interpretamos como un hermoso guiño de Dios, una señal del cielo que fortaleció nuestra Fé.

A lo largo de estas semanas en su habitación me di cuenta como Becky crecía espiritualmente. Su confianza en Dios se hizo cada vez mas firme y su Fé se fortaleció en medio del dolor.

Estoy convencida de que partió en paz, con la certeza de ser recibida por el amor infinito de nuestro Padre.

Nos dejó un ejemplo de valentía, perseverancia y Fe que permanecerá para siempre en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerla.

Fotografía de Omar Gallardo Tavizon
Fotografía de Omar Gallardo Tavizon Fotografía de Omar Gallardo Tavizon

Omar Gallardo Tavizon

Su primo y veciono

Hablar de lo que Becky fue para la familia Gallardo Tavizón es hablar de una parte muy importante de nuestra infancia y de nuestra vida.

Antes que nada, además de ser primos, fuimos vecinos desde que éramos bebés. Tan solo eso hizo que compartiéramos un sinfín de anécdotas, buenas y malas, pero sobre todo momentos que marcaron para siempre nuestras vidas. Tuvimos la fortuna de crecer juntos en una de las etapas más bonitas que puede vivir un ser humano: la infancia, cuando los problemas prácticamente no existen y la vida se trata de disfrutar cada momento.

En casa de Becky e Iván pasamos tiempos inolvidables. Jugábamos, estudiábamos, hacíamos pijamadas, nos invitaban a comer, veíamos televisión, escuchábamos música y hasta estudiábamos inglés juntos. Siempre estuvimos muy cerca. Recuerdo que el cuarto de Becky estaba junto al de mi hermana y nos comunicábamos golpeando la pared, como si fuera código Morse. Son recuerdos sencillos, pero que hoy tienen un valor inmenso.

Nuestra vida quedó marcada por el simple hecho de haber crecido juntos. Fuimos a la escuela, compartimos muchas etapas y, después de regresar de Estados Unidos, incluso cursamos juntos el último semestre en la escuela Cervantes, donde nuestra tía Rebeca fue nuestra maestra de inglés.

Con el tiempo nuestros caminos tomaron rumbos diferentes. Yo me fui a vivir a Chihuahua, pero nunca perdimos el contacto. Becky siempre fue un ejemplo para mí por su excelente conducta y sus buenas calificaciones. Era una persona muy dedicada, enfocada en todo lo que se proponía, alegre, con un corazón enorme y, por supuesto, muy guapa.

Claro que voy a extrañar a mi prima, pero siempre la llevaré en mi corazón, porque fue una parte muy importante de mi vida, desde que éramos niños hasta nuestra juventud.

Siempre te recordaremos, prima, porque cada vez que contemos las anécdotas de nuestra niñez, ahí estarás tú, arrancándonos una sonrisa.

Te mando un abrazo hasta el cielo. Descansa en paz.

Fotografía de Miriam Rojas
Fotografía de Miriam Rojas Fotografía de Miriam Rojas Fotografía de Miriam Rojas Fotografía de Miriam Rojas Fotografía de Miriam Rojas

Miriam Rojas

Amiga

Hay personas que llegan a nuestra vida y dejan una huella tan profunda que ni el tiempo ni la distancia pueden borrarla.

Todavía me cuesta creer que ya no estés aquí. Compartimos mucho más que un lugar de trabajo. Compartimos risas en los días pesados, comidas entre cirugía y cirugía, los dulces y los pasteles que el doctor Salazar siempre tan amablemente nos compartía, esas pláticas sobre series de true crime que tanto nos gustaban y, sobre todo, una forma muy parecida de ver la vida. Contigo siempre sentí que hablaba con alguien que entendía muchas cosas sin necesidad de explicarlas.

Siempre admiré tu inteligencia, tu fortaleza, tu manera de pensar y la autenticidad con la que vivías. Eras una persona a la que apreciaba profundamente y con la que me sentía identificada en muchos aspectos. Gracias por cada conversación, por cada consejo, por cada risa y por todos esos momentos que hoy se convierten en recuerdos que guardaré con muchísimo cariño.

La enfermedad pudo llevarse tu cuerpo, pero nunca podrá llevarse la huella que dejaste en quienes tuvimos la fortuna de conocerte. Tu recuerdo vivirá siempre en mi memoria en cada serie que hubiera querido comentar contigo y en esos pequeños momentos cotidianos que ahora me recordarán lo especial que eras.

Dicen que las personas no se van del todo mientras alguien las recuerde. Yo sé que será así contigo. Siempre ocuparás un lugar muy especial en mi corazón y en mi memoria.

Descansa en paz, amiga. Gracias por coincidir conmigo en esta vida. Fue un privilegio haberte conocido, admirarte y llamarte mi amiga. Hasta que la vida nos permita encontrarnos de nuevo.

Foto por añadir

Samuel «Samy»

Sobrino

La memoria es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados, anidamos en el corazón y en los bellos recuerdos de quienes nos aman por siempre!!!

Fotografía de Tía Carolina

Tía Carolina

Tía y madrina

Mi muy querida Becky

Recordando los días en que desde pequeña me visitaba con Iván y tu mamá. Ustedes y Alan no paraban de jugar ni un instante y desde entonces se notaba ya tu liderazgo. El otro par siempre terminaban haciendo lo que tú decías y querías.

Ya desde entonces te ganaste un lugar muy especial en mi corazón como mi sobrina y mi ahijada, y se que siempre fui correspondida.

Aún recuerdo el asombro que me causaba ver a los tres boca abajo viendo la película el resplandor, lo otros dos con la cabeza casi escondida entre sus brazos y tu viendola sin pestañear.

Al paso de los años te quedaste varias veces tu sola en mi casa, en una ocasión por un mes cuando veniste a realizar tus prácticas al Morelos para tu segunda licenciatura y convertirte en enfermera quirúrgica. Sin duda te encantaba estudiar.

También tengo muy presente las dos veces que nos acompañaste a las posadas de TecMin (Danny), y los comentarios tan favorables que siempre surgían sobre ti, donde decían que eras una bellísima mujer. Sin duda atraídas miradas de admiración siempre.

La ultima posada nos reimos bastante ya que una de las asistentes tenía a su bebe recien nacida, y a pesar de eso amamanto a su bebe con dos botellas de vino encima. Nosotros riendo decíamos que con razón la bebé estaba dormida tan a gusto.

Quiero resaltar que admiro tu valentía y fortaleza con que afrontaste todo tu tratamiento.

La fotografía que incluyó es la última que te tome el día que partirste a Monterrey, después de haber estado platicando sobre muchó temas entre ellos de tus ángeles.

Gracias por ser parte de mi vida y por haberme incluido en la tuya. Recuerdos que voy a atesorar siempre.

Hasta nuestro próximo encuentro mi niña hermosa.

Fotografía de Tu tía Sylvia

Tu tía Sylvia

Tia

Mi querida Becky,

A pesar de la distancia de por medio, tú en Parral y yo en Juárez siempre tuvimos comunicación, y guardaste un lugar especial en mi corazón.

Nos visitabas no muy frecuente con tu mamá e Iván y siempre era agradable verlos hacer tantas travesuras con Edgar. Desde brincar en las camas, jugar a las escondidas y ver caricaturas.

Aún recuerdo el susto que nos dieron en el Paso en la tienda The White House que se escondieron en una rueda de ropa y por más que buscamos no los encontrábamos. Cerraron puertas y se dio la alarma, y gracias a unas chicas los encontramos.

Lea encantaba subir y bajar por las escaleras eléctricas y para sacarlos de ToyRus era otra cosa. Después de rigor era ir a las hamburguesas y la nieve que no perdonaban.

Tú sabes que siempre te llevaré en mi corazón con la persona especial que fuiste para cada uno de nosotros.

Un abrazo y hasta nuestro próximo encuentro.

Fotografía de Myriam
Fotografía de Myriam

Myriam

Prima

Prima, nunca podremos entender porque la vida toma caminos que no deseamos, es difícil aceptar que un día nos levantamos y ya no estamos. Has sido una guerrera de Dios y dejaste un gran vacío en la familia,

ya estás en un mejor lugar y acompañada de mis abuelos. Nosotros aquí sin entender porque tuvo que ser así pero nos dejaste muchos lindos recuerdos y nos enseñaste que hay que luchar hasta el último momento. Mis mejores recuerdo contigo los tengo de niña cuando me iba de vacaciones con ustedes y jugábamos los 3 Iván, tú y yo.

Tu siempre tan buena niña y Ivann y yo haciendo travesuras. Esta vez te nos adelantaste pero algún día nos volveremos a estar juntas y poder gozar el tiempo que nos faltó. Te quiero por siempre tu prima.

Fotografía de Cyntia

Cyntia

Prima

Prima siempre te recordaré con cariño. Con gran fortaleza enfrentaste una enfermedad difícil siempre con fé y esperanza, Como enfermera elegiste una profesión dedicada a aliviar el dolor y dar esperanza eso hablaba de la persona que eras. Siempre recordaré las reuniones familiares donde estabas, Hoy sabemos que estás con Dios. Tu vida, tu vocación como enfermera, y el amor que brindaste a quienes te rodeaban permanecerá en nuestros corazones.

Foto por añadir

Margarita

Maestra de Prepa

Rebeca siempre la recuerdo como una jovencita muy decidida y alegre.

Se caracterizaba por ser alegre, buena compañera y excelente alumna.

Su partida fue una noticia muy inesperada ya que estuve en contacto con su mami y me decía gracias a Dios vamos bien. Pero Dios Ntro. Señor tenía otros planes no sólo para usted sino también para su familia.

La partida de un ser querido definitivamente es muy dolorosa, el corazón se parte en mil pedazos y el por qué? Es una pregunta ❓ que nos hacemos sin cesar y sin encontrar la explicación que calme ese gran dolor. Pero justo es esos momentos es cuando nuestra FE nos dice basta! Deja todo en manos de Dios sólo el sabe lo que hace y por qué lo hace, ten por seguro que hay algo mejor para ese ser que tanto amas.

Poco a poco, la paz va llegando a nuestra alma y corazón y es cuando comenzamos a decirle a Dios "Señor lléname de fueras y no permitas que mi FE se quebrante. Se que ella estará a tu lado gozando de una paz inimaginable y desde allá buscará las formas y los momentos para seguir presente en nosotros".

Segura estoy que esa gran mujer que Dios le dió como madre después de sufrir su gran pérdida, ha entendido que su querida hija sigue viva en ella; hablará y reirá con usted siempre.

Fue un placer convivir con usted. Dios la ha elegido para que esté a su lado.

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Victor

Primo favorito, consentido y más guapo

Te admiro, te he admirado desde hace mucho tiempo. Observar desde lejos tu vida desde que eras una pequeña niña hasta verte realizar y completar tus sueños y metas ya como adulta.

Nunca te diste por vencida, luchaste como nadie, por tu hijo, tu familia y por ti.

Lo que aprendí de ti lo llevo en mi mente y en mi corazón.

Y no, no perdiste al luchar con y contra tu enfermedad, la ganaste Becky.

Terminaste tu labor de enseñanza para todos nosotros, para todas las personas que te rodean, aun y por siempre.

Esta en nosotros ahora poner en práctica todo lo que nos ensenaste.

Gracias por ensenarme tantas cosas, que sin tu saberlo, aprendo de ti.

Hasta siempre prima y gracias por todo, te mando un abrazo muy fuerte.

Victor

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Gaby

Hay personas que pasan por la vida dejando una huella silenciosa, y hay otras que, aun en medio del dolor más profundo, nos enseñan el verdadero significado de la fortaleza.

Tu enfermedad fue difícil e injusta. Sin embargo, tú elegiste pelear cada batalla con valentía. Nunca permitiste que esta enfermedad definiera quién eras.

Nos enseñaste que la verdadera fortaleza no consiste en no sentir miedo, sino en seguir adelante a pesar de él. Nos enseñaste que el coraje no siempre hace ruido; se manifiesta en levantarse un día más, en sonreír aún cuando el cuerpo y el alma están cansados, en seguir pensando en los demás, aun cuando se está sufriendo.

Tu carácter, tu determinación y tu manera de enfrentar cada obstáculo que se te iba presentando, con dignidad y fuerza fueron un ejemplo para todos. Nos enseñaste, que incluso en las pruebas más duras se puede vivir con esperanza.

La fe siempre estuvo a tu lado.

Hasta el último día confiaste en Dios. Lo buscaste, te aferraste a Él y caminaste de su mano. Tu esperanza no dependía de las circunstancias, sino de la certeza de que nunca estabas sola. Y hoy también creo que Aquel en quien tanto confiaste salió a tu encuentro para recibirte con los brazos abiertos.

Nos dejas con el recuerdo de una mujer valiente, fuerte, llena de carácter, que luchó con todas sus fuerzas sin perder su dignidad ni su esperanza. Nos enseñaste que la vida no se mide por el tiempo que permanecemos aquí, sino por el amor, la fe y el ejemplo que dejamos en el corazón de los demás.

Te vamos a extrañar en cada reunión familiar, en cada recuerdo compartido, en cada fecha importante. Pero también sabemos que el amor no termina con la muerte. Permanecerás viva en nuestras memorias, en las historias que seguiremos contando y en la inspiración que nos regalaste con tu forma de enfrentar esta enfermedad.

Gracias por enseñarnos que incluso en medio de la noche más oscura es posible seguir creyendo, seguir amando y seguir confiando en Dios.

Descansa en paz, querida Becky.

Tu lucha terminó. Tu dolor terminó. Y ahora confiamos en que has encontrado la paz eterna en los brazos de Aquel que tanto te ama….

Con cariño,

Gaby

Fotografía de Vivette

Vivette

Prima

He leído las vivencias, anécdotas y recuerdos bonitos que todos tuvieron contigo y ha sido hermoso leerlos… yo no tengo algo que compartir, ya que esta vida no nos dio la oportunidad de conocernos más, pero he sabido más de ti, ahora que estás presente de una forma diferente, he conocido esa parte amorosa tuya por los animales, tu pasión por las películas terror, el que amabas las libélulas, el amor por ayudar a los demás y muchas cosas más… es curioso como vine a conocer más de ti ahora… también he podido ver el gran amor de todos hacia ti y algo que he aprendido es que entre mayor es el dolor así de grande es el amor… y realmente has sido muy amada, suertudota!

Sabes? Hay algo de lo que me siento muy afín a ti y que ambas experimentamos y fue esa parte de poder “sentir” eso que no vemos, eso que no conocemos, pero que sabemos que está aquí, de una forma diferente… es esa certeza de saber que nuestros seres queridos no se van del todo, se quedan… para siempre; están presentes en nuestros sueños, en esos detalles que a veces no percibimos porque el dolor no nos deja, en esa canción, en ese sticker pegado el el vidrio trasero del auto de enfrente mientras esperamos el semáforo en rojo que dice: “Í love you too”

Me alegró mucho “verte” en una de mis caminatas de la mañana, mientras hablaba de ti con mi hijo David, te hiciste presente en una hermosa libélula, revoloteando insistentemente alrededor de nosotros… y hasta una foto te tome! Tus alas brillaban a la luz del sol… fue hermoso! Gracias por manifestarte de esa forma tan tuya, sutil, callada, elegante; haciéndote notar en silencio. Gracias Becky por haber dejado en todos nosotros esa muestra de fuerza, valor y entereza; y por dejarnos ver que al irte, el amor permanece, esa esencia tuya sè queda profunda, fuerte y permanente.

Te recordaremos siempre y te olvidaremos nunca… Hasta que volvamos a encontrarnos.

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