Ella dedicó su existencia a cuidar la vida de los demás con la vocación de una enfermera y el corazón de una guerrera. Su última guardia ha terminado, pero su luz y su ejemplo de servicio permanecerán siempre en nosotros. Que su paz sea también la tuya.
«Señor, me llamas a entregarte mi vida. Escucho tu voz y acepto tu invitación. Libérame de deseos egoístas y fortalece mi voluntad para seguirte. Jesús, en ti confío plenamente. Amén.» Oración de entrega a la Divina Providencia