Estas son las palabras que Rebeca escribió durante su enfermedad,
como una promesa de difundir su fe y dejar un pedacito de esperanza
para quien lo necesite.
Capítulo 1
Un pedacito de esperanza para ti
En este libro cuento cómo la fe y la ciencia me dieron otra oportunidad de seguir en este mundo, viviendo y más bien aprendiendo a vivir de nuevo. Aquí voy a contar mi historia, de cómo mi fe por mi padre Dios y toda su corte celestial me ayudaron desde el inicio de mi enfermedad. Dios me fue guiando, abriendo las puertas y poniendo a las personas correctas en mi camino. También cómo confié plenamente en los médicos y tratamientos que me dieron; lo seguí al pie de la letra.
Este libro lo escribo como una promesa a Dios de difundir su palabra, de que si tienes fe, todo puede suceder. Dios siempre quiere lo mejor para uno, aunque a veces no entendamos el porqué; al final siempre descubrimos que cada cosa que vivimos es un aprendizaje. Muchas veces, por nuestro libre albedrío, nos vamos por caminos que no deberíamos haber transitado, y es cuando nos sentimos abandonados, siendo que son nuestras propias decisiones quienes nos llevaron ahí. No digo que por decidir mal, o diferente a Dios, nos esté castigando; simplemente, como dicen, Dios tenía otros planes y tu vida cambió de un día para otro.
Algunos van a entender por qué le pasa cada cosa, otros no, y es comprensible; no todo lo que pasa en esta vida tiene explicación. Yo no puedo explicar cada cosa que ha pasado en mi vida, pero lo que sí puedo hacer, y lo hago, es dar gracias a Dios por haberme permitido vivir todo lo que he experimentado, las personas que he conocido, los momentos que he vivido, que me permitió ser mamá de un niño hermoso que se convirtió en una hermosa persona.
La vida puede llegar a sentirse tan difícil que lo único que puedes hacer es orar a nuestro padre Dios, y aunque muchas veces no obtienes respuesta al momento, la fe hace que sigas resistiendo, y sin darte cuenta, Dios empieza a actuar y empiezas a notar sus respuestas, empiezas a sentir que nunca te ha dejado solo y que Él guía tus pasos; sabes que estás en sus manos.
Esta historia es para ese alguien que la necesite escuchar para seguir luchando, para seguir adelante.
Señor, revelaste tu corazón a los apóstoles, guiándolos en su sufrimiento. Dame la gracia de aceptar la verdad espiritual y libérame del miedo. Jesús, en ti confío. Amén.
Le pido a mi Señor Jesús que me dé la gracia para rendirme y el valor para desear su voluntad con todo mi ser.
Será el testimonio que afirmará que para Dios no hay nada imposible. — Lucas 1:37
Capítulo 2
Aceptar la cruz, vencer el miedo
A menudo enfrentamos la misma lucha que los apóstoles: cuando Dios nos llama a aceptar una cruz difícil, nuestras emociones pueden rebelarse, llenándonos de confusión y miedo. La única manera de superar este temor es entregando nuestros sentimientos y apegos a Dios, orando para que su voluntad se convierta en nuestro mayor deseo.
Capítulo 3
Las verdaderas riquezas
Si tienes poco, evita la envidia y confía en la providencia divina. Todos debemos esforzarnos por ser ricos en lo que realmente importa: el amor, la misericordia y la fe, acumulando tesoros eternos en el cielo.
Señor, las verdaderas riquezas son espirituales: virtud y amor. Libérame de la avaricia y dame generosidad para acumular tesoros en el cielo. Jesús, en ti confío. Amén.
Debemos reflexionar sobre nuestros miedos. Si Dios nos pide cargar nuestra cruz, debemos aceptarla con amor y determinación. No permitamos que su peso nos agobie; en cambio, tomemos fuerza del ejemplo de nuestro Señor. Que su valentía nos inspire, confiando en que cualquier cruz unida a la suya puede transformarse en gracia.
Capítulo 4
La intercesión de los ángeles
Realmente, nuestra fe es confiar ciegamente en Dios, que actúa a través de sus ángeles para cumplir su voluntad. Los ángeles solo actúan en unión con Dios; por eso su mediación es poderosa. Reconócelos hoy y pide su ayuda.
Gloriosos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, ayúdenme. Confío en ustedes y en su intercesión. Traigan la gracia de Dios, protejan y sanen a los necesitados. Ángeles de Dios, oren por nosotros. Jesús, en ti confío. Amén.
Capítulo 5
Entregarte mi vida
Señor, me llamas a entregarte mi vida. Escucho tu voz y acepto tu invitación. Libérame de deseos egoístas y fortalece mi voluntad para seguirte. Jesús, en ti confío plenamente. Amén.
¿Dónde nos ha llevado el orgullo a juzgar? ¿Qué pecado hemos ignorado? Permite que las palabras apasionadas de Cristo iluminen lo que necesita cambiar dentro de nosotros para crecer en verdadera integridad y santidad.
Querido Señor, enséñame a aceptar tus correcciones con humildad. Ayúdame a cambiar y que tu gracia transforme mi corazón. Te amo; ayúdame a amarte más. Jesús, en ti confío.
Capítulo 6
Agradecimientos
Primeramente, agradezco a mi padre Dios por nunca dejarme sola, por guiarme siempre, tenerme en sus manos y nunca soltarme. Gracias a Él, yo sigo aquí, en esta su hermosa creación. Tengo mucho, a muchas personas, que agradecer. En este proceso encontré a muchísima gente buena, gente que, gracias a Dios, puso en mi camino: personas que ya conocía y personas que conocí en mi proceso.
Las principales personas a las que quiero agradecer son: a mi mamá Rebeca, a mi hijo Johansin y a mi esposo David. Ellos son mi pilar y mi fortaleza; cambiaron completamente su vida para adecuarla a mis necesidades. Ellos son mi todo. Me han cuidado y apoyado día tras día, siempre están conmigo en mis peores y mejores momentos. Agradezco tanto a Dios por haberlos hecho mi familia. Ellos son los valientes, los persistentes, los tenaces; son quienes me transmiten la fuerza para seguir adelante.
Agradezco a mi hermano Iván, a Yesenia, a Axelin, a Frida, a Víctor, a Jonathan, a mi papá, a Lizeth, a Jimena y a Carlos: siempre están al pendiente de mí, son mi familia y los quiero mucho. Agradezco a mi tía Carolina, que siempre nos recibe en su casa, ayudándome a estar bien y con mis cosas médicas. Agradezco a Claudia, que se sentaba las horas a esperar para pasar con mi hematólogo por medicamentos. Agradezco a Magdita y su esposo Héctor; gracias a ellos pude tener completo mi tratamiento. Agradezco a mi tío Tony, quien me hablaba para animarme y me apoyaba económicamente. Agradezco a todos y cada uno de los integrantes de la familia Vota y de la familia Gallardo, que siempre estuvieron al pendiente de mí y me apoyaron económicamente.
Agradezco enormemente al Dr. Madrigal, excelente médico internista; es a quien acudo cuando tengo cualquier duda. Siempre me atiende en cuanto le escribo, incluso por teléfono. Estoy muy agradecida con él, porque me da la confianza de poder preguntarle todas mis dudas y me responde pacientemente; es quien me ha dado mis diagnósticos y los tratamientos correctos. Agradezco a mi amigo el Dr. Valencia, que siempre me ha apoyado en todo, siempre resuelve mis dudas y mis problemas; sé que puedo contar con él siempre. Agradezco al Dr. Corral, que me mandó con la especialista sin pensarlo, atendió todos mis problemas en el hospital y corrigió mi insuficiencia renal a tiempo.
En todas las circunstancias, den gracias, pues es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo. — 1 Tesalonicenses 5:18